miércoles, 29 de junio de 2016

La práctica de la consciencia

El pensamiento debe ser movimiento

Hablar del flujo de la información es referirnos a un antes y después de las revoluciones informativas. Gutemberg nos puso en un nuevo enfoque cuando la edición de libros pudo superar a los copistas. Lo que antes tomaba años empezó a resultar en solo unos días de trabajo, lo que ayudo no solo a la divulgación del conocimiento, sino también al nacimiento de toda una industria.

Con todo y lo que pudo significar en su momento, el cambio fue gradual y poco fueron los que vieron beneficiados, en realidad el libro como objeto cotidiano en nuestras vidas se consolidó hasta bien entrado en siglo XX (me refiero a su uso masivo). El acceso al conocimiento impreso nos permitió, al menos en el papel, poder cultivar conocimientos.

Y se sabía algo muy claro, una cosa era el que escribía, el escritor, y otros los lectores. Escribir libros era cosa seria, no cualquiera tenía acceso a que su ideas fueran impresos, fue un limitación, pero que se aceptó de buena manera.

Otra de las muchas revoluciones que hemos experimentado la estamos viviendo por medio de internet y las redes sociales, el regalo que nos ha dado la web 2.0 es el poder ser partícipes del fenómeno comunicativo, de alimentar espacios que parece que no tienen límite, en donde pareciera que es la democracia comunicativa, quien tiene y quiere generar contenidos lo hace con total libertad, ya de la responsabilidad o no podemos hablar en otro momento.

Lo que me interesa es exponerte un punto de vista al respecto, ¿has observado el auge de videos e imágenes (memes), su rapidez y lo globales que pudieran resultar?, es decir, cuando se dan eventos de alta importancia (deportivos y de espectáculos es lo habitual) se generan memes que engloban puntos de vista, y son compartidos. Tanto se comparten que pierde sentido saber quien los produjo, solo es material que está ahí, diponible para el que lo desee.

¿Hasta qué punto estamos usando las redes sociales para decir lo que pensamos y hasta qué grado ha terminado siendo una gran selva de remolinos en a los que nos vamos sumando en aparente libertad de decisión? Porque esto supone un problema: si no comparto contenido visual (clave del estilo comunicativo actual) cómo logro interactuar. Pareciera que no interesa mucho lo que pensamos en tanto no lo podamos hacer ver a los demás, y sobre todo que sea una idea colectiva en la que cada quien se ve reflejado de manera absoluta.

¿Aprovechas la obtención de experiencias?
Más aún, la pregunta en verdad medular que te deseo plantear es: ¿hasta dónde hemos cedido en la originalidad de nuestro pensamiento con tan de lograr algo de popularidad con nuestros contactos? Acepto que la originalidad del un pensamiento propio es complicado, para todos los que vivimos el auge de la televisión supimos lo que era sentarse frente a un aparato y quedarnos pasivos ante lo que se transmitía, en esos años no había alternativas, por lo menos no diversificadas. 

Ahora tenemos la oportunidad de poder usar estas plataformas, blogs, microblogs, wikis, y muchos otros recursos que nos permiten expresar lo que pensamos, lo que entendemos, sabemos, etc., y sin embargo observo que lo que predomina es compartir, enlazar, dejar la intención comunicativa en lo que otros hacen, ¿es que a final de cuentas el pensamiento original segurá coartado?

Medita la situación, somos un sin fin de causalidades, a diario tenemos cientos de emociones, estoy seguro que cada uno de nosotros tenemos facultades para la introspección, de meditar lo que vivimos, lo que sentimos y poder compartirlo, no digo que no se haga uso de recursos visuales, ¿pero hasta donde ocupan todo lo que deseamos "expresar"?

Buscar la originalidad de pensamiento no es algo tan denso, solo es poner atención unos minutos, cinco, quizas diez, y sobre ello saberse preguntar ¿qué aprendo de ello?, ¿qué lo hace tan importante?, ¿valió la pena vivirlo?, ¿lo podría hacer mejor? Estas son preguntas sencillas, no requieren de mucho esfuerzo, solo el deseo de saber que lo que siento o vivo es parte de mi gran experiencia de la vida, y que es muy probable no la estemos aprovechando del todo.

Si estos temas te interesan, te invito a que te acerques al mundo del coach, a sus técnicas, a aprender de manera práctica el uso de herramientas y recursos qye te ayudará a profundizar en lo más valioso que tienes en tu vida, tu propia experiencia, con gusto te puedo ayudar si deseas iniciar en esa búsqueda y perfeccionamiento.




Vivir, ¿para definirte?



Uno de los grandes problemas que enfrentamos en la vida es la capacidad de cambiar, de manera colectiva existe una gran presión y necesidad por definirnos, y ya sobre esa definición de saber quienes somos, o más bien para qué servimos, ser productivos.

Quizás ya no sea tan dominante como en otros tiempos, pero muchos sabíamos que el azul es el color de los hombres, y el rosa de la mujeres. La sociedad así lo confeccionó y de esa manera estableció que los hombres definidos se distanciaban de las mujeres definidas.

Cuando creces las presiones no podían ser menores, por ejemplo, en mi casa sabía que, por ejemplo, si salíamos el sábado ya no salíamos el domingo, porque simplemente ya habíamos salido un día, ¿por qué se tendría que disfrutar de dos días seguidos? Extrañas reglas paternas. En el tema educativo no es menor la situación, en edad de bachillerato se me preguntó muchas veces ¿qué iba a estudiar?, ¿cuál iba a ser mi carrera?, al margen de que no me arrepiento de lo que cursé, ¿no hubiera sido mejor iniciar preguntando primero si deseaba estudiar algo más además del bachillerato?

Y esto no deja de tener sus interpretaciones, por ejemplo, recuerdo que el año en que estuve en la escuela de administración (opción que yo elegí) mi papá me preguntaba ¿y para qué vas a estudiar eso si no tienes tu empresa?, al margen de la preocupación paterna y falta de referentes, ¿parcería que respetó mi decisión?, ¿me estaba definiendo como él lo deseaba? He de confesar que no fui bueno en ese tiempo en la escuela, y al cabo de un año me salí de la escuela, lo que en su momento fue mi peor fracaso. Tomé una decisión y entonces ahí sí que escuche a mi padre indignado. Nunca pudo entender que quedarme en la escuela, tan solo para regularizar mi situación, implicaría un año de exámenes extraordinarios (cargo extra al erario), ya dejemos de lado mis emociones al respecto.

Y así podemos ir sumando entornos laborales, sentimentales, de ocio, el punto es que parece que la pesión por tomar decisiones y definirte a través de ellas es una cuestión trágica, seria y que no admite variaciones, alteraciones, todo para satisfacer a los demás.

Parecería que se entiende a la vida como una carrera contra el tiempo en que urge tomar una definición para ser alguien o algo en la vida, bueno, en válido el punto de vista, solo una pregunta, ¿según quien?, es decir, ¿quien definió que esta carrera de tomar carril en la vida es con prontitud y precisión?, estoy seguro que si hacemos un ejercicio retrosprectivo todos lo hemos escuchado de una pariente, y el pariente de otro, y sucesivamente, por lo tante tenemos una creencia que en realidad no sabemos en donde nace o en qué se funda.

Pensemos que la idea de la definición surgió en 1800, solo pongo un referente, ¿nuestro estilo de vida, de consumo, de satisfactores, de expectativa de vida, de distractores, tecnología, productividad, y demás detalles son iguales a los de 1800?, ¿entonces por qué repetir sin cuestionamiento un modelo de una realidad que simplemente ya no existe?

Cuando la persona encuentra su pasión en la vida se renueva, construye caminos de felicidad, se trasforma, ve el mundo de otra manera, claro, no hay manera, guía o pasos para encontrar la pasión personal, se tiene que buscar, se tiene que desarrollar, y en la medida en que nos urja definirnos más complicado resultará el asunto. Además, todo aquello que ya está definido, deja de evolucionar, llegó a su propio límite.

Pregúntate, de manera hipotética, ¿quien será más feliz, una persona que tiene urgencia por definirse en la vida, o una nube que disfruta la manera en que el viento le da forma para hacer lo que más disfruta en la vida, llover y dar sombra?


jueves, 2 de junio de 2016

Lo que no nos enseñan

Hace unos años, ya bastantes, en un puesto de tacos, como tantas cosas, escuché la charla-queja-resignación de otro comensal con el taquero, me queda claro que había ya mucha confianza.

Explicaba esta persona que la situación estaba mala, muy mala (algo que ha sido desde siempre), que tenía que trabajar mucho, que no salían las cuentas, en fin, las creencias que cualquiera puede terner y qué mejor que contar sus planes y quejas a un taquero.

Lo que me llamó la atención fue una frase que recuerdo: "contraté con la compañía que pasó todos los juegos del mundial de fútbol, pero no pude ver ni un partido". Esto lo sigo recordando porque me generó la reflexión, ¿por qué contratar un servicio que no iba a disfrutar. El contexto de su charla revelava que contrató el servicio sabiendo que eso iba a pasar. Estaba muy consciente de que no iba a disfrutar, pero de alguna manera el tener el satisfactor a alcance le daba, posiblemente, seguridad, quizás felicidad.

Más allá del caso que motiva este texto, creo que vale la pena hacer el ejercicio sencillo, aunque profundo:

¿Cuanto de lo que poseemos lo disfrutamos de manera supermativa?
¿Cómo entiendo la satisfacción de las cosas?
¿Qué es lo que buscamos de la satisfacción?

Me parece que no son preguntas menores dado que vivimos en una sociedad que valora en extremo la sensación sobre la reflexión. Desde el lado tecnológico podemos ver la urgencia de tener teléfonos cada vez más modernos, aunque todos tengan en esencia un 90% , o más, de similitud. Sensasión sobre reflexión.

Por otra parte, en el plano informativo, cada vez dependemos más de la información falsa, alterada, parcial, tendenciosa en redes sociales, pues resulta más fácil ver un video que nos induce lo que hay que saber que hacer búsquedas de información en diversos medios. Sensasión sobre reflexión.


En los planos educativos vemos que cada vez hay más jóvenes que viven con la urgencia de tener una licenciatura, dos licenciaturas, obtener la maestría y estar pensando en el doctorado, todo ello antes de los 40 años, pues saben que juntar reconocimientos les da mejores perspectivas competitivas, ¿pero garantiza que sepan integrar eso con una visión de ayuda social, de beneficio a la colectividad? Sensasión sobre reflexión.

Y así podemos ir sumando escenarios, a final de cuentas la sociedad esta plenamente diseñada para el logro de metas, de conquistas que vayan sumando lo más pronto posible méritos, "blazones", y en esa histeria colectiva hace que quien no se sume parezca lento, poco competitivo, que no está a la altura de los retos del mundo actual, ¿será cierto?, ¿tiene esto fundamento?, ¿será una creencia que nos empodera o que nos limita?

Me parece que son unas simples preguntas se pueden aclarar mucho:

¿Cuando buscas algo, cuál es el origen de ese deseo?
¿Qué vas a hacer con lo que vas a aprender u obtener?
¿Quien más se beneficia con lo que tu logras o consigues?
¿Qué vas a dejar de lado en la búsqueda de esa meta?


Responder a estas simples preguntas te pueden ayudar a poner en claro lo que vas a emprender, y si quieres que sea aún más efectivo, comparte tus respuestas con alguien de confianza a ver que piensa, pues considera que disfrutar de la vida es un conjunto de metas por cumplir, de acciones para mejorar tu entorno, que disfrutes no solo por lo que tú logras, que disfrutes por lo que mejora quien está a tu lado. Da ese giro, porque si lo piensas con detenimiento, no nos enseñan a disfrutar en lo cotidiano.