jueves, 25 de septiembre de 2014

La bondad emocional



El galardón de las buenas 
obras es haberlas hecho. 
No hay otro premio digno. 
Séneca

Hace unos días tuve la oportunidad de estar con mi familia en un partido de béisbol, en el parque de pelota, como se le llama, era un juego de final, había un lleno total y el ambiente era muy alegre. La anécdota se dio en la segunda pelota del partido, que fue un batazo de faul, y de los veinte mil lugares en donde pudo caer la pelota fue justo la zona en la que estábamos sentados.

Para quien ha ido a un parque de pelota sabe que estas cosas pueden pasar, el béisbol tiene puntos peligrosos, el bolazo cayó junto a mí, admito, no alcancé a reaccionar, tal fue la violencia del toletazo que nada pude hacer dadas las circunstancias, la pelota fue a parar en la rodilla de mi sobrino, un niño de siete años.

Claro que fue un bolazo muy duro, si yo no esperaba algo así, él menos. Desde luego que el llanto y la ansiedad del golpe se conjugaron. Como pudimos tratamos de consolarlo y sobarle lo que de seguro iba a ser una gran y doloroso moretón. Desde luego que lo primero que medito es que por fortuna el bolazo fue en la rodilla y no en tórax, abdomen, o peor aún, en la cara.

Lo que en verdad valió la pena fue que la persona que se quedó con la pelota, un joven de no más de 26 años, a tres filas de donde estábamos consolando a mi sobrino se acercó, se puso frente al niño, tenía una camisa entre sus manos y le dijo, “mira amigo, la pelota no te la puedo dar, pero acepta esta camisa, por favor”, se trataba de una franela conmemorativa del campeonato, es decir, con logo del equipo, nombre de los jugadores y demás información. Claro, logró conmovernos y se ganó un aplauso de nosotros y de las personas, bastantes, que estaban en la zona.

Esta pequeña anécdota me sirve para representar lo que es la bondad, pues en la confusión del momento, este joven se pudo quedar con la pelota y ya, no había deuda moral alguna. ¿Qué fue lo que movió a esta persona a regalar una camisa que acababa de comprar momentos antes?, consciencia, su novia que le dio la idea, la compasión de ver llorar a un niño, no lo sé, simplemente diría, desde mi punto de observación, hizo lo que sintió que tenía que hacer.

Lo que hizo fue un acto bondadoso, de generosidad, y que me permite reflexionar en los cerca que estamos de poder tener actos bondadosos en la vida. Es decir, estamos hablando de que con una camisa regalada a un niño recibió una sonrisa a cambio, y más nada, ¿hasta qué grado estamos dispuestos a hacer algo solo porque lo debemos hacer, por ese compromiso moral con uno mismo, y de esa manera hacer la vida más llevadera a otra persona, aunque no la conozcamos.

Es fácil observar actos mezquinos y explicarlos con abundantes teorías, y somos capaces como género de hacer detallados planes con tal de sacar ventaja de los demás para lograr beneficios de manera cómoda y ventajosa, ¿cuánto tiempo podremos destinar al día para planear un acto bondadoso?, y no me refiero a falsa caridad o dar dinero a todos los limosneros, que no por fuerza son actos vacíos, me refiero a bondad emocional, ayudar a que la gente se sienta bien.

El dar cosas, el dar dinero está bien, el colaborar en causas está bien, ¿pero qué implicará el tener comportamientos bondadosos y generosos en general?, me refiero a dar actos de bondad al que tiene recursos y al que sufre carencias, me parece que eso nos acercaría a una vida más integral, porque, ¿quién no merece un buen momento al día?

Un coach es una persona que te puede ayudar a tener actos generosos y bondadosos, generosos contigo y con tu entorno. Date la oprtunidad si sientes que puedes enfoacar mejor tus acciones, o si deseas potenciar eso que está latente en ti. Tu amigo Carlos Praget está a tus órdenes.

jueves, 11 de septiembre de 2014

“La leyenda cuenta que Kwan Yin hizo votos para no ingresar al cielo o “Nirvana” hasta que el último de los humanos se haya liberado de su sufrimiento”.


Uno de los grandes temas que no pierde vigencia es el de la felicidad, pues estamos hablando de uno de los paradigmas que le pueden dar sentido a la vida. De manera general podemos estar seguros que la felicidad radica en lo que la sociedad, la persona, considera valioso en la época que vive.

Por ejemplo, qué mayor gozo para un hombre de las cavernas que disponer de una lanza particularmente vista como poderosa, y que le daba toda la autoridad ante su tribu. Por ejemplo, pensemos en el enfoque de vida de Bach que con su música llegó a lo más alto del sentimiento humano traducido en música inspirada en Dios.

En los tiempos podernos se puede cuestionar, pero quién puede dudar que para un adolescente la felicidad viene en aparatos móviles que le permiten contactar amistades, tomar fotos, escuchar música y un sinfín de funciones más. Curioso el tiempo de la felicidad, pues el mismo aparato que tanta diversión le da un joven es el que le permite a un empresario ganar dinero, pues un Smartphone, se sabe, puede ser una auténtica oficina personal ambulante.

Con estos tres ejemplos podemos establecer la pregunta, ¿Qué no hace felices?, una primera categoría es si se trata de un objeto o si es por una acción que recibimos, ¿o podemos analizar como objetos que nos dan aceptación contra acciones que benefician a los demás? Desde luego que variantes podemos encontrar, pues la felicidad, como sustantivo abstracto, indefinible en los absoluto, depende de lo que cada persona quiera aceptar, depende a hacia a dónde oriente su vida.

Sin ánimos de ser moralinos, el debate en la actualidad parece que se centra en la aceptación o no del hedonismo (doctrina que proclama el placer como fin supremo de la vida), y este sí es un punto concreto, pues estamos hablando de establecer un parámetro de felicidad superficial o profundo.

Este debate no es nuevo, Sandra Cerro (s/a) lo describe así: “Los filósofos de la antigua Grecia ya se retorcían el cerebro tratando de responder a esta cuestión. Para unos, los hedonistas, la felicidad consistía en sentir placer y evitar el sufrimiento, y así lo expresaba Epicuro en su “Carta a Meneceo”: “(...) el placer es principio y culminación de la vida feliz”. Para otros, los eudemonistas, la felicidad sólo se alcanza gracias a la autorrealización personal, es decir, la consecución de las metas propias de cada ser humano según la virtud más excelente y a través de una actividad continua.

Tratar de convencer a las personas de que un modelo hedonista es malo no solo es complicado, es invasivo de su capacidad de elegir lo que se desea; o que lo eudemonista es la respuesta a todos los problemas, pues no todo mundo está preparado para dar algo a los demás; lo que sí se puede es promover reflexión sobre el tema e indagar si la persona es capaz de argumentar por qué disfruta tanto con felicidad superficial, pues puede ser producto desde el egoísmo hasta no conocer otros tipos de satisfacciones en la vida.

Por su parte, el Dalai Lama ha expresado, en el texto de Cutler (2001): “Creo que el propósito fundamental de nuestra vida es buscar la felicidad. Tanto si se tienen creencias religiosas como si no, si se cree en tal o cual religión, todos buscamos algo mejor en la vida. Así pues, creo que el movimiento primordial de nuestra vida nos encamina en pos de la felicidad”.

El coach en su función no aspira a convencer a un hedonista que está mal, tampoco trata de que un eudemonista vaya por acciones que no por fuerza puede cubrir dadas su capacidades, lo que un coach puede buscar es entrenar a cada persona para que sea capaz de encontrar la felicidad que ansía, es decir, ayudar a que la persona que busca su servicio encuentre algo mejor, que de inicio, que enfoque su vida a partir de un presente hacia un futuro mejor cimentado por su experiencia y compromiso, cortando inercias del pasado que no ayudan a que la persona obtenga, efectivamente, eso que él sabe que es mejor.

La búsqueda de la felicidad es posible, y un coach puede ayudarte a que eso sea posible desde el terreno de tus propias competencias y habilidades.

Fuentes consultadas